27.8.08

The Dirty Disco & The Sinister Secrets

Como muchas veces, no tengo nada que decir. ¿O será que prefiero callármelo todo y aguantarlo como siempre?

5.8.08

De descargas de música y conflictos morales

Hace poco en La Rocka - periódico en teoría alternativo, quincenal, gratuito y enfocado a la población joven regiomontana en su mayoría - salió un artículo que habla de manera un tanto ligera (y casi superficial, debo decir) de como los mexicanos estamos pero ya tan acostumbrados a evadir, interpretar a nuestra conveniencia, y romper la ley, sin importar el perjuicio a terceros. Me gustaría transcribir uno de los apartados de dicho texto:

LOS DEL PARCHE

La piratería es, quizá, el delito más aceptado socialmente en estos tiempos. Programas de computación, ropa, calzado, perfumería, películas, discos son reproducidos ilegalmente y comercializados en grandes cantidades en nuestro país (ni para que entrar en el debate de la obtención de material de internet).

Cada vez crea menos conflicto moral el hacerse de un producto apócrifo, con el pretexto de los altos precios de los productos originales, con la idea de sacar ventaja de la clandestinidad para satisfacer una necesidad que el bolsillo no puede completar legalmente.

La autoridad solapa (por no decir que fomenta) que se establezcan, en mercados e incluso céntricos locales comerciales, quienes venden esta mercancía.

Hay operativos para su decomiso, cierto, pero además de insuficientes, esporádicos y laxos, se dice que muchas veces están en contubernio con los mismos comerciantes que dejan el producto inservible, defectuoso o que no se vende, para que sea recogido por los valientes encargados de hacer cumplir la ley.

La detención de fabricantes y comerciantes de esta mercancía es excepcional, a pesar de que el Código Penal Federal, de conformidad con la Ley Federal de Derecho de Autor, sanciona con prisión, además de multa, a quien incurre en este delito.

Pero lo peor es la cultura de "lo mismo pero más barato (aunque se viole la ley)" que se está haciendo costumbre.

Gerardo Wario y Padilla, Xardiel. "Fuera de La Ley" La Rocka Julio 2008: 12-14.

El meollo de todo esto es que bajo la Ley Federal de Derechos de Autor de los Estamos Jodidos Mexicanos (Los Estados Unidos Mexicanos pues, el nombre fancy y más-falso-que-una-moneda-de-tres-pesos para México) estipula que:

[...] es infracción a la misma el producir, reproducir, almacenar, distribuir, transportar o comercializar copias de obras protegidas por los derechos de autor, sin la autorización de sus respectivos titulares.

Artículo 231, Fracción III


Y por si esto no fuera poco, el Código Penal Federal castiga como delito grave:

"[...] la reproducción, producción, introducción al país, almacenamiento, transporte, distribución, venta o arrendamiento de obras autorales, en forma dolosa y sin la autorización del titular de los derechos sobre las mismas"

Artículo 424-Bis, Fracción I


Lo cual me lleva al siguiente autocuestionamiento: ¿Está realmente mal bajar música del Internet? Es ilegal, sí, pero ¿está moralmente mal?. Yo he bajado música de Internet en muchísimas ocasiones. Es más, puedo decir, y sé con certeza, que la mayoría de mi colección musical son mp3s descargados del Ares, LimeWire, etc. Es sólo música no-comercial la que compro en CD, y más ahora que no tengo un ingreso fijo como cuando trabajaba.

Ahora: cabe especificar que jamás he montado, ni pienso montar, un changarro de discos piratas ni mucho menos. Es únicamente para mi uso personal. Pero de nuevo, hago hincapié en "introducción al país" y ni que decir de "la reproducción y el almacenamiento". En este mismo momento estoy violando el Código Penal Federal con Lila Downs y su muy tradicional y sabrosona versión de Perhaps, Perhaps, Perhaps. Lo "malo", por decirlo de alguna manera, es que no siento (o no sentía hasta el momento que leí el artículo) remordimiento alguno por bajar música de Internet.

Creo que ya he dejado bastante en claro mi punto y mi duda, y ahora les toca a ustedes decidir y opinar. Por mi parte yo seguiré violando la Ley, aunque ese pequeño granito de culpa siga pendiendo sobre mi psique ya de por sí atormentada con otros muchos más conflictos morales.

A bientôt señoras, señores, señoritas y quimeras